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Gran Torino, Gran Clint, el ‘making of’
Hay pocas cosas mejores que poder trabajar con libertad sobre lo que te apasiona, pese a las dificultades.
Hace cosa de dos meses, plantee a dos compañeros la posibilidad de hacer un buen trabajo sobre Clint Eastwood. Uno, Miguel Nuño, se dedica a los gráficos interactivos y es un loco de Clint. El otro, Mario Viciosa, a los vídeos. Dos grandes. Y nos ha salido este fabuloso documento sobre los personajes de Eastwood con la colaboración, claro está, de varios compañeros más.
Aquí va un pequeño ‘making of’ del especial:
- ¿Por qué sólo sus personajes y no su vida o su obra como director? Porque creo que hay que saber acotar. Ser ambicioso pero con sentido común y no querer abarcar todo. Mucho menos cuando el grueso se va a hacer sólo entre tres personas. Así se lo expliqué a mis compañeros y les pareció bien.
- Para dotar de sentido al especial, me plantee una estructura piramidal. Consciente de que habría gente que querría saber mucho de cada personaje y otros que se conformarían con unas pinceladas, decidé apostar por un sistema mixto de gráfico interactivo+vídeo y textos.
- El gráfico abriría el especial, como de hecho sucede. Y llevaría un presentador -el gran Mario- que aparecería en pantalla todo el tiempo posible, narraría una entradilla y haría una pequeña introducción de cada personaje. Vimos varios modelos y finalmente, como referencia para la estructura gráfica, tomamos un trabajo espectacular del NYT, el Pogue-o-matic.
- De este modo, tras la introducción, los carteles de cada película protagonizada por Eastwood -hicimos una selección de 13 muy personal- aparecerían desperdigados por la pantalla y, al pincharlos, aparecería información de la película más una introducción del presentador.
- Comenzamos muy ambiciosos y nos planteamos dar más relevancia a cinco películas con un montaje en vídeo (además del presentador) y el resto mostrar varias imágenes. Después, por diversos motivos, rebajamos considerablemente las expectativas y pasamos a una imagen fija, una ficha de la película y una entradilla del texto de cada filme.
- Entradillas que darían pie a la segunda parte del especial, los textos amplios para cada uno de los 13 personajes seleccionados. La idea es que dicha entradilla estuviese enlazada al texto (como de hecho está) para que, quien se quedase con ganas de más al ver el vídeo -que en realidad sirve como reclamo-, tuviese una ración extra. Ésta es la estructura piramidal de la que hablaba.
- Para los textos, impliqué a muchos más compañeros de redacción (gracias a todos) y para el montaje a dos compañeros de diseño que han dejado una gran estructura y una -a mi juicio- brillante navegación a base de pequeños carteles de cada película. No sé si la idea fue de Cristina o Eduardo pero es una gozada.
Casi todas las premisas se cumplieron y, cómo no, hubo problemas:
- En primer lugar, la grabación de los vídeos. Fue muy bien la de la entradilla, pues conseguimos un estudio. Pero fue más complicado grabar la entradilla de cada personaje. De repente, nos quedamos sin estudio y tuvimos que usar una pared blanca, dos focos de fotografía prestados, un ‘teleprompter’ improvisado y ‘quemar’ la imagen. Salió considerablemente bien y, además, así sabe mejor.
- Después llegaron las vaciones y las libranzas, que dejaron el montaje del gráfico y la mayoría de los textos -no podía ser de otra manera- para los dos días anteriores al estreno de la película y la salida del especial. Es esa tensión de última hora que tenemos todos los periodistas y de la que acabamos contagiando a quienes trabajan con nosotros de cerca.
- Además, a última hora, hubo dificultades para añadir la entradilla de vídeo al gráfico. De hecho, salimos sin ella. Pero lo corregimos sobre la marcha, con no poco esfuerzo, y gracias a ello el gráfico tiene mucha más fuerza y sentido.
¿Conclusiones?
- Planifica pero ten claro que casi nada saldrá según lo previsto.
- Improviso cuando lleguen las dificultades.
- Acude a la gente que sabe, serán quienes mejor podrán ayudarte.
Para escuchar y callar
Adiós, Facebook
Decenas de mensajes que no me interesan, 171 amigos -muchos de los cuales ni siquiera conozco-, varios grupos y un montón de páginas después, Facebook ya no me interesa. Voy a borrarme.
Busco una ‘X’ roja que me permita cerrar mi cuenta. No existe. Mientras, me preparo un té, creo que necesitaré paciencia. Busco, en alguno de los muchos menús en que se ha convertido Facebook, una opción para ‘Eliminar’. No la hay.
Me decido a probar en ‘Configuración > Configuración de la cuenta’. ¡Bingo! “Desactivar cuenta” es el mensaje. Lo selecciono. El vaso de té sigue lleno; no es para tanto, me digo.
¿Cómo? Me piden un motivo: “Por favor déjanos saber por qué has decidido desactivar. (requerido)”. Me indigno porque no me dejan desaparecer de su base de datos porque sí. Desaparece de un trago la mitad del té.
Al menos han pensado en la opción adecuada: “Facebook no me parece útil”. Selecciono y el cacharrito tiene la desfachatez de decirme que, si uso el buscador de amigos, a lo mejor no me parece tan inútil. O sea: cuanto más, mejor. Ilusos.
Sigo adelante, les digo que no quiero ni un solo correo más de Facebook y vuelvo a seleccionar “Desactivar”:
Tu cuenta Facebook ha sido desactivada.
Para reactivar tu cuenta, puedes acceder al sistema como lo harías normalmente, y que te enviemos un correo electrónico de reactivación.
Vuelve pronto,
Equipo de Facebook
O sea, que no me borran. Sólo me eliminan temporalmente. Sé que esto mismo lo han vivido otros, pero es vergonzoso. Al menos me queda el consuelo de que no recibiré correos pesados, ni de pesados que creen que soy una oficina del INEM. Tampoco aparezco ya en la red social.
Y no queda té. Quizá tampoco me quede vida social en Internet. Tendré que comprarme un coche, pero antes esperaré a ver qué dice la gente.
Mañana me borro de Facebook
Si me da tiempo. Lo contaré.