A patadas
Rodar, rodar y rodar mientras recibía patadas. Era, quizás, el peor momento de su vida. Dolor y angustia. ¿Hasta cuándo iba a tener que dar vueltas por ese césped? Nadie frenaba una agresión permanente. Le dolía la piel y tenía la sensación de estar a punto de resquebrajarse. De izquierda a derecha, arriba y abajo, un pie y otro, una zapatilla y otra, todas directas al rostro.
Estaba a punto de reventar.
De repente, escuchó la palabra mágica y todo cesó: ¡¡¡Gol!!! Con suerte, le esperaban cinco irrepetibles minutos de descanso.